domingo, 14 de agosto de 2016

Vanderlei Cordeiro de Lima El maratonista “de oro”

La noche del 5 de agosto pasado, las espectaculares luces en el Estadio Maracaná enmudecieron a las protestas callejeras en Río de Janeiro, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos 2016.

La molestia popular cedió unos momentos a los sentimientos patrióticos despertados por la marcha de queridos atletas nacionales. Gustavo “Guga” Kuerten (ex número uno del tenis mundial) fue el primero en llevar la antorcha olímpica, para después dársela a Hortencia Marcari (medalla de plata olímpica del baloncesto), quien finalmente se la entregó a Vanderlei Cordeiro de Lima, medalla de bronce en los juegos de Atenas 2004 y medalla de oro en todos los corazones brasileños.

UNA CARRERA MARATÓNICA

Vanderlei Cordeiro de Lima nació el 11 de agosto de 1969 en Cruzeiro do Oeste (estado de Paraná), en el seno de una familia grande –tiene dos hermanos y cuatro hermanas– dedicadas a la agricultura.

“Mi primer contacto con el deporte fue a través del fútbol, y mi sueño era jugar en un equipo profesional. Solía ser defensor derecho”, relató Vanderlei a Eduardo Biscayart, en una entrevista para la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF).

Aún niño, “Zé pequeño” (apodado así por su padre, José) atravesaba, corriendo, extensas plantaciones de café y caña de azúcar para llegar a la escuela San José, a la que representó en campeonatos intercolegiales, gracias a que el director, Francisco Perecin, le regaló su primer par de calzados deportivos.

Impulsado por un profesor de Educación Física, Vanderlei comenzó a involucrarse de manera más seria en el atletismo desde los 14 años, de manera que para los 18 ya estaba entrenando en San Paulo, especializándose en carreras de larga distancia.

Tras representar a Brasil en competiciones de la IAAF, el joven atleta conoció, en 1992, a Ricardo D’Angelo, quien además de entrenador, se convertiría en uno de sus mejores amigos.

Consiguiendo el bronce en los Campeonatos a Campo Traviesa de Sudamérica 1993, Cordeiro de Lima ganó el prestigio suficiente para ser designado “liebre” o “conejo” en carreras de alto nivel, lo cual le confería la responsabilidad de marcar el ritmo de la competición para el resto del grupo.

Fue esta tarea la que lo encaminó en su siguiente reto. “En el otoño de 1994, participé de la Maratón de Reims (Francia), donde se suponía que sería un conejo hasta el kilómetro 21. A la mitad de la carrera me sentí tan cómodo que decidí seguir yendo (...) hasta el final de la carrera, la que gané en 2:11:06”, relató Vanderlei.

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